El 11 de julio de 2010, domingo, fue un día que quedará grabado para siempre en la memoria del deporte español. A las once de la noche, en Johannesburgo (República Sudafricana), después del triunfo sobre Holanda en la final, Iker Casillas, portero y capitán de la selección española de fútbol, recibía de manos del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, el trofeo que acredita a España como campeona del mundo de fútbol hasta que, dentro de cuatro años, revalide o pierda este título. A partir de aquella noche inolvidable, los jugadores la selección española lucirán sobre el fondo rojo de la camiseta y encima del escudo nacional la estrella dorada de la FIFA, de cinco puntas, que proclamará por cuatro años en los terrenos de juego nuestra condición de campeones. El impacto del triunfo de la selección en Sudáfrica ha sido tan enorme que merece la pena ser analizado con pausa. Para ello, vamos a servirnos, como fácil recurso nemotécnico de las cinco puntas de la estrella, ciñendo el análisis a los cinco mayores impactos causados por el triunfo de «La Roja».